¿Cuantos momentos difíciles y crisis pasamos durante el transcurso de una prueba Ironman? Seguramente unas cuantas, hasta el que gana tiene sus malos ratos… Pero no por esto vamos a tirar la toalla, yo al menos no.

Una prueba de distancia Ironman es algo, o mucho, más que una carrera de larga distancia. Es una prueba de voluntad extrema, algo que en ocasiones puede llegar a convertirse en una verdadera tortura. Cuando no todo sale como esperas y todo se vuelve en tu contra. Es una prueba en la que el más mínimo dolor puede elevarse hasta el infinito y es muy fácil que una mala sensación crezca hasta invadirte y hacer que todo el resto parezca inllevable.

Aunque a la tortilla siempre se puede dar la vuelta, siempre que tu cabeza esté del lado positivo aunque tu cuerpo esté del lado negativo, bien sea porque no vas al ritmo esperado, porque no te entra el alimento o porque tienes un dolor de piernas con el que no contabas. Todas estas malas sensaciones son pasajeras y nosotros pelearemos por que así sea. No van a poder con nosotros, no nos van a estropear el día para el que tanto hemos entrenado, para el que tantas cosas hemos sacrificado y tanta ilusión le hemos puesto.

Debemos de trasladar mente y cuerpo al lado positivo, espantar todos los pensamientos negativos que nos invaden. Para ello hay que dejarse invadir por pensamientos y vivencias sólo positivas. Seguramente os reiréis, se os pondrán los pelos de punta e incluso lloraréis de emoción como me ha pasado a mí en contadas ocasiones.

Ser positivo es una actitud y también debemos entrenarla.

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