Llevar unos hábitos de alimentación correctos es básico para obtener nuestro mejor rendimiento y por supuesto para nuestra salud. La frase “somos lo que comemos”, atribuida en ocasiones de forma errónea a Hipócrates, es una realidad que, afortunadamente, la comunidad deportiva está aplicando. Hace años era raro que en la parada de una grupeta en bici la mayoría del grupo no se comiera una palmera de chocolate, un donut o cualquier tipo de bollería industrial. Hoy en día, en mucho menos normal que esto ocurra, incluso en deportistas que no buscan rendimiento, sino pasar un buen rato con los amigos y salir a dejar por ahí el estrés de la jornada laboral.

En cuanto a lo que aporta la suplementación la respuesta es: aquello que no podemos conseguir mediante una alimentación correcta en las cantidades, momento, independencia de otras sustancias que necesitamos en momentos puntuales en los que nuestro organismo los necesita, e idoneidad de formato o facilidad de consumo. Un ejemplo claro es la necesidad de proteína después de un entrenamiento de fuerza si la necesitamos. Es mucho más sencillo, cómodo, económico, fácilmente asimilable e higiénico tomar un batido con 20g de proteína que 100g de pechuga de pollo. Del mismo modo que es igualmente mejor, por digestibilidad y fácil asimilación, aporte de macro y micronutrientes, portabilidad e higiene, tomar un gel energético o una bebida deportiva durante el ejercicio o competición con minerales y algo de vitaminas, que un panecillo normal untado con crema de cacao o un trozo de queso, por muy “natural” que nos pueda parecer y mucho que nos pueda apetecer.

El motivo es que existen unas altas demandas puntuales en el organismo provocadas por un extraordinario esfuerzo físico para las que se necesita proveer de sustancias en cantidad y momento concretos que una dieta correcta no puede aportar por diferentes motivos. Es obvio que que el panecillo mencionado antes requiere de más tiempo de digestión y más agua que un gel energético o una bebida deportiva.

Por Jesús Sánchez Bas y Guillermo Olcina Camacho.
Fuente original: Revista Triatlón